Hoy conversábamos con una colega respecto a este escurridizo concepto de lo que es la "felicidad", una de esas ideas a las que a veces da lata meterse a desmigajar porque son conceptos manoseados: un libro, un poema, la película sensiblera de will smith, y un intolerablemente largo etcétera... Pero, y dado que este espacio es una verdadera muralla tolerante a cada escupitajo pseudo-creativo que emerge de la subjetividad, me permito el lujo de dar mi propia definición de la felicidad:
No es más que un estado, un constructo sobrevalorado, una ilusión que colapsa ante el análisis... Por qué la dureza de la idea? Dos motivos: lo necesario para comprender que es felicidad esa sensación que nos embarga y embriaga a la vez, y en un mismo gesto, necesitamos del contraste; bien puede ser el dolor: de alguien próximo, la enfermedad invalidante, o una buena tanda noticiosa que cada día se parece más a un obituario colectivo y a una vitrina de lo más perverso de nuestra especie...
El segundo motivo, pues la única certeza que acarrea la felicidad es esta: dada la transitoriedad de su esencia, sabemos que lo que viene es la tristeza. Es decir, y acá tampoco digo nada nuevo, que lo que necesariamente la sucede es la única forma de palpar su grandiosidad, su plenitud... que es la falta de ella. Así como cuando Enrique Lihn le dice a su monstruo/amada que esta "continuamente en busca de su ausencia", como si en esa ausencia se escondiera la ilusión de un regreso; porque con la felicidad pasa así, es un vaivén, una máquina que oscila a velocidades propias, insospechadas, crípticas, pero que a su vez son las que dominan muchos aspectos de nuestras vidas.
A fin de cuentas, si queremos reflexionar en torno a la felicidad, una buena aproximación puede ser comprender a fondo el dolor. Y para eso, quién mejor que tú, Enrique, para ser nuestro Dante compañero a esas profundidaes. QED.
Nada tiene que ver el dolor con el dolor...
Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y éste no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte -la niña
de sus ojos- un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar
Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación
Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener
ciertas formas como ahora en esta consulta
Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo descompuesto
y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable
mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa
zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser
cuando ya uno, qué alivio, está muerto,
olvidado ojalá previamente de sí mismo
esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es
su presupuesto
Invoco en la consulta al Dios
de la no mismidad, pero sabiendo que se trata
de otra ficción más
sobre la unión de Oriente y Occidente
de acápites, comentarios y prólogos
Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender
para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio
que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas
de una ciencia imposible e igualmente válida
un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos
que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor
y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia
del dolor que del placer, con una sonriente
desesperación, pero esto es ya decir
una mera obviedad con el apoyo
de una figura retórica
mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese lenguaje desconocido
ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar
el lenguaje humano
Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma
de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno
de los momentos que improntaron la memoria
con impresiones desaforadas
Cuando en la primera polución
-mucho más mística que la primera comunión- pensabas en Isabel
ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgástico de esa creatura
que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente
en el tiempo de los demás
sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria
eso era la muerte y la muerte advino y devino
el click de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora
acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte
el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento
la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor
escrito silenciosamente en el muro
o figuras obscenas untadas de vómito
tu vida que -otra palabra- se deslizó, sin haberse podido
engrupir en lo existente detenerse en lo Pasajero hundir el hocico
feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno
con el amor como con una piedra
la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo
de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada
porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando
del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas
tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la casa es la muerte
y no la otra, esa nada ese humo esa sombra
darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud
que se besan a sí mismos
lunes, 22 de junio de 2009
jueves, 4 de junio de 2009
Love letter
Dear Karen:
If you're reading this, it means I actually worked up the courage to mail it. So good for me. You don’t know me very well, but if you get me started I have a tendency to go on and on about how hard the writing is for me. But this... this is the hardest thing I ever had to write. There's no easy way to say this so I’ll just say it: I met someone. It was an accident, I wasn’t looking for it, I wasn’t on the make. It was a perfect storm. She said one thing, and I said another... next thing I knew I wanted to spend the rest of my life in the middle of that conversation. Now there's this feeling in my gut: she might be the one. She's completely nuts, in a way that makes me smile, highly neurotic. A great deal of maintenance required. She is you Karen; that’s the good news.
The bad is that I don't know how to be with you right now, and that scares the shit out of me. Because if I am not with you right now I have this feeling we'll get lost out there. It’s a big bad world full or twist and turns and people have a way of blinking and missing the moment. The moment that could've changed everything. I don’t know what’s going on with us and I can’t tell you why you should waste a leap of faith on the likes of me. But damn you smell good, like home, and you make excellent coffee. That's gotta count for something, right?
Call me!
Unfaithfully yours,
Hank Moody
Extraído de Californication; S02E10
muy recomendable...
If you're reading this, it means I actually worked up the courage to mail it. So good for me. You don’t know me very well, but if you get me started I have a tendency to go on and on about how hard the writing is for me. But this... this is the hardest thing I ever had to write. There's no easy way to say this so I’ll just say it: I met someone. It was an accident, I wasn’t looking for it, I wasn’t on the make. It was a perfect storm. She said one thing, and I said another... next thing I knew I wanted to spend the rest of my life in the middle of that conversation. Now there's this feeling in my gut: she might be the one. She's completely nuts, in a way that makes me smile, highly neurotic. A great deal of maintenance required. She is you Karen; that’s the good news.
The bad is that I don't know how to be with you right now, and that scares the shit out of me. Because if I am not with you right now I have this feeling we'll get lost out there. It’s a big bad world full or twist and turns and people have a way of blinking and missing the moment. The moment that could've changed everything. I don’t know what’s going on with us and I can’t tell you why you should waste a leap of faith on the likes of me. But damn you smell good, like home, and you make excellent coffee. That's gotta count for something, right?
Call me!
Unfaithfully yours,
Hank Moody
Extraído de Californication; S02E10
muy recomendable...
domingo, 27 de mayo de 2007
AB-ducción
Complejo esto de las abducciones, de los platos voladores y las ausencias anunciadas, aunque sea sólo por la expectativa y esa profunda necesidad de comunicar de dos compañeros de viaje... La ausencia fue desde un evento que poco he masticado todavía, pero que claramente algo dejó, algo a fondo: estas últimas tres semanas me he tenido que dedicar a cumplir la función de "médico de la familia", ante la falta de un galeno de verdad que enfrentara a la gaya ciencia para arrebatarle de entre sus garras a mi anciana abuela. La enfermedad. Nuestro leit motiv podría argüir uno de ustedes. Pero más me parece la excusa perfecta para lograr lo que 11 años de buenas intenciones no habían logrado: el perdón, la vuelta a casa, el reencuentro. Naciendo del dolor y del miedo de la pérdida definitiva, el núcleo familiar vuelve a rearmarse, con todos sus componentes intactos, con las arrugas de miles de amaneceres reiterativos, algunos presa de la rutina, otros reconstruyendo el futuro.
Entonces se abren dos líneas argumentales de las que hay que hacerse cargo: por un lado, la enfermedad como eje del futuro... ¿o será mejor atribuirle ese sitial a la "sanación? ¿O -mejor aún- tan sólo al acompañar en el camino que occidente nos ha enseñado a aborrecer y temer con toda nuestra fuerza? Mucha neblina entre los conceptos y este tecleo absurdo... Y veo a los ojos a la señora de don Sergio, ese paciente que me enseñó que la muerte tiene algo de fiesta, mucho de incierto, muchas caras pero una sola certeza: la de que -desde paje a rey- todos compartiremos la barca... De cada cual depende desde que lado subimos a ella...
Y la otra, que creo que es la que de verdad quiere salir de esta cabeza-confusa-y-pseudoliteraria: la familia, la raíz y el origen, Ítaca que algún día terminará de incorporarse como un mundo onírico, sobre todo cuando los actores ya estén fuera de escena, con algunos cuantos metros cúbicos de frazada. La familia que empezará a vivir eternamente en este reducto inviolable de mi propia mente. Y con la punta de los dedos rozo ese misterio que años de educación apostólica romana intentaron grabar con brasas en mi cuero, y que en un arranque de libertad terminé de interpretar: esa vida eterna es la de la eterna promesa, porque en cada palabra, cada gesto mínimo, la forma de mirar el mundo, el grito desgarrado del dolor, el daguerrotipo de la muerte, en todo... En todo se esconde una profunda verdad: la vida eterna existe desde que existe nuestra descendencia, desde que cada partícula de nuestra corporalidad se destruye, vuelve a la esencia, a ser energìa pura, y se reintegra al cosmos para volver a este flujo eterno de energías, el karma de oriente vedado desde su definición a nuestro concepto hedonista e inmanentista de hombre occidental... Cuando vea una hoja caer de un arbol, un paisaje sobrecogedor, una sonrisa llena de amor, o simplemente oiga el llanto de un trozo de mis entralas que cobra vida propia; en cada uno de esos instantes se esconde la eternidad. Se esconde la verdadera vida eterna.
"La única forma de alcanzar la eternidad, es ahondando en el instante", E. Sábato.
ÍTACA.
Cuando emprendas el viaje hacia Itaca
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de descubrimientos.
A Legistrones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Legistrones y a Cíclopes, ni al fiero
Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosidades y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Más no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca. R
ico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas."
Konstandinos Kavafis (1863-1933)
Entonces se abren dos líneas argumentales de las que hay que hacerse cargo: por un lado, la enfermedad como eje del futuro... ¿o será mejor atribuirle ese sitial a la "sanación? ¿O -mejor aún- tan sólo al acompañar en el camino que occidente nos ha enseñado a aborrecer y temer con toda nuestra fuerza? Mucha neblina entre los conceptos y este tecleo absurdo... Y veo a los ojos a la señora de don Sergio, ese paciente que me enseñó que la muerte tiene algo de fiesta, mucho de incierto, muchas caras pero una sola certeza: la de que -desde paje a rey- todos compartiremos la barca... De cada cual depende desde que lado subimos a ella...
Y la otra, que creo que es la que de verdad quiere salir de esta cabeza-confusa-y-pseudoliteraria: la familia, la raíz y el origen, Ítaca que algún día terminará de incorporarse como un mundo onírico, sobre todo cuando los actores ya estén fuera de escena, con algunos cuantos metros cúbicos de frazada. La familia que empezará a vivir eternamente en este reducto inviolable de mi propia mente. Y con la punta de los dedos rozo ese misterio que años de educación apostólica romana intentaron grabar con brasas en mi cuero, y que en un arranque de libertad terminé de interpretar: esa vida eterna es la de la eterna promesa, porque en cada palabra, cada gesto mínimo, la forma de mirar el mundo, el grito desgarrado del dolor, el daguerrotipo de la muerte, en todo... En todo se esconde una profunda verdad: la vida eterna existe desde que existe nuestra descendencia, desde que cada partícula de nuestra corporalidad se destruye, vuelve a la esencia, a ser energìa pura, y se reintegra al cosmos para volver a este flujo eterno de energías, el karma de oriente vedado desde su definición a nuestro concepto hedonista e inmanentista de hombre occidental... Cuando vea una hoja caer de un arbol, un paisaje sobrecogedor, una sonrisa llena de amor, o simplemente oiga el llanto de un trozo de mis entralas que cobra vida propia; en cada uno de esos instantes se esconde la eternidad. Se esconde la verdadera vida eterna.
"La única forma de alcanzar la eternidad, es ahondando en el instante", E. Sábato.
ÍTACA.
Cuando emprendas el viaje hacia Itaca
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de descubrimientos.
A Legistrones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Legistrones y a Cíclopes, ni al fiero
Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosidades y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Más no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca. R
ico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas."
Konstandinos Kavafis (1863-1933)
viernes, 4 de mayo de 2007
Carroza Fúnebre
Es difícil olvidar aquellos días que, por algún motivo, resaltan entre los tonos grises que colorean lo cotidiano en esta asquerosa capital. Uno de esos días se me viene ahora al celebro, un día en que un muerto me dio un tremendo abrazo, para después refregarme en la cara lo efímero de nuestra propia existencia. Estaba yo, en compañía de Némesis, cuando un texto llegó a mi carpeta. Era una entrevista hecha a Francisco Varela, neurobiólogo chileno que bailó un pie de cueca en la fonda que se armó abajito de la Torre Eiffel, apoderándose del CNRS (centro nacional de investigación científica francés). Bastaron dos párrafos para tener la certeza de que este tipo estaba transmitiendo desde otra galaxia. Y en cierta forma me sentí un astronauta enviado desde ese paraje distante. El tipo hablaba de cómo lo más profundo de nuestras mentes está conectado con nuestro cuerpo no en una dialéctica simple como se pretende, sino que en un "estar en contacto" de lo que él llama "múltiples identidades somáticas": la carne que cubre al hueso, así como el sistema inmune, millones de moléculas que están eternamente -si subyugamos dicho concepto a la angustiosa temporalidad del ser humano- tocando cada nanómetro de nuestro interior; todo conjugado con la mente, hecha palabra por medio de la conciencia, la gran caja negra que algún día espero desenvolver...
Pasaron pocos minutos y Némesis me dice: "lo vi en la tele el otro día, creo que ayer se murió de cáncer". (La típica imagen de desolación fílmica va ahora.)
Era cierto. Muerto sólo horas antes de haberlo descubierto. Una gran ironía de esta vida. Otra más.
Desde ahí empecé a buscar más sobre su vida y obra, hasta que finalmente terminé nutriendo mi propio discurrir pseudo-creativo con muchos de sus postulados. Un descubrimiento póstumo...
Y es aquí donde llego finalmente al motivo de este texto: los descubrimientos que nos deslumbran, que nos llevan a lugares donde no es posible acudir más que con esa reconstrucción mágica de lo real que nos permiten las palabras impresas, y más todavía las imágenes congeladas. Estaba escuchando una canción de Pedro Aznar y Alejandro Fillio, "en la sombra del Agua", que le cantaba a "Jaime"... Bastaron un par de clics para descubrir una avalancha de buena poesía, de esa que te cala hondo, que te dan ganas de susurrarle en el oído a ella mientras se está quedando dormida a tu lado, para finalmente rescatarla de la muerte y traerla de nuevo junto a ti. De eso se trataba todo esto: Ahí pasó/ la carroza fúnebre/ que esta vez iba de fiesta:/ no llevaba flores, ni caravana/ porque tu muerte no es más/ que una silenciosa invitación/ a hacerte eterno.
Los versos son de otro.
Á.
Jaime Sabinés, poeta Mexicano (1926-1999)
Yo no lo sé de cierto... (de Horal, 1950)
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).
No es nada de tu cuerpo
No es nada de tu cuerpo,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.
No son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?
-triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un gramo, ni un momento:
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.
http://www.sololiteratura.com/sab/sabobras.htm
(muchos de sus poemas)
http://www.columnasur.org/sabines.htm
(recitados en mp3)
Pasaron pocos minutos y Némesis me dice: "lo vi en la tele el otro día, creo que ayer se murió de cáncer". (La típica imagen de desolación fílmica va ahora.)
Era cierto. Muerto sólo horas antes de haberlo descubierto. Una gran ironía de esta vida. Otra más.
Desde ahí empecé a buscar más sobre su vida y obra, hasta que finalmente terminé nutriendo mi propio discurrir pseudo-creativo con muchos de sus postulados. Un descubrimiento póstumo...
Y es aquí donde llego finalmente al motivo de este texto: los descubrimientos que nos deslumbran, que nos llevan a lugares donde no es posible acudir más que con esa reconstrucción mágica de lo real que nos permiten las palabras impresas, y más todavía las imágenes congeladas. Estaba escuchando una canción de Pedro Aznar y Alejandro Fillio, "en la sombra del Agua", que le cantaba a "Jaime"... Bastaron un par de clics para descubrir una avalancha de buena poesía, de esa que te cala hondo, que te dan ganas de susurrarle en el oído a ella mientras se está quedando dormida a tu lado, para finalmente rescatarla de la muerte y traerla de nuevo junto a ti. De eso se trataba todo esto: Ahí pasó/ la carroza fúnebre/ que esta vez iba de fiesta:/ no llevaba flores, ni caravana/ porque tu muerte no es más/ que una silenciosa invitación/ a hacerte eterno.
Los versos son de otro.
Á.
Jaime Sabinés, poeta Mexicano (1926-1999)
Yo no lo sé de cierto... (de Horal, 1950)
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).
No es nada de tu cuerpo
No es nada de tu cuerpo,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.
No son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?
-triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un gramo, ni un momento:
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.
http://www.sololiteratura.com/sab/sabobras.htm
(muchos de sus poemas)
http://www.columnasur.org/sabines.htm
(recitados en mp3)
jueves, 26 de abril de 2007
Nada se pierde con Vivir
Hemos abierto una vez más una ventana, un soplo, un respiro, un intento más por construir y salir del yo que hoy por hoy impera, para comunicar y tratar -casi siempre en vano- de ir al encuentro de tú, que estás leyendo, que en este momento construyes junto a los caracteres de esta pantalla un fenómeno único: lo vivo.
La primera pregunta evidentemente nace del gesto fundacional, del primer evento que marcó caminos: la palabra, nombrar lo que no se ve, lo que no se palpa, pero existe. Darle un nombre a este espacio... Y las imágenes se suceden vertiginosas, como intentando una a una asirse a mis ojos, evitar que este tráfago se las lleve por delante. Hasta que una de ellas se apodera de todo mi campo visual: En uno de los momentos más oscuros de la noche, cuando la orilla se veía lejana, hubo una voz que se hizo presente, una voz lejana pero que pareció desde siempre haber estado ahí. El poeta salió de las sombras para emular a la divinidad, y volver a dar nombres a las cosas. Y de su gesto me aprovecho, sí, como un vulgar ser humano, me aprovecho de esa imagen y a partir de ella abro esta ventana.
Todavía no tengo muy claro hacia donde van estos pasos, si es otro intento fútil, como el desparramo de la tinta verde en papeles que inevitablemente terminarán en el tacho de la basura. No sé si sea riesgoso esto de la sobre-exposición, dejar entrever las imágenes (ya sean oscuras o luminosas)... Pero parece que las cosas ya están dichas. O al menos la primera letra del nombre ha sido articulada.
Aquí, la carta fundacional:
"Monólogo del Padre con su hijo de meses"
Nada se pierde con vivir, ensaya;
aquí tienes un cuerpo a tu medida.
Lo hemos hecho en sombra
por amor a las artes de la carne
pero también en serio, pensando en tu visita
como en un nuevo juego gozoso y doloroso;
por amor a la vida, por temor a la muerte
y a la vida, por amor a la muerte
para ti o para nadie.
Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta
como a nosotros este doble regalo
que te hemos hecho y que nos hemos hecho.
Cierto, tan sólo un poco
del vergonzante barro original, la angustia
y el placer en un grito de impotencia.
Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza
del huevo, a plena luz, ligero y jubiloso,
sólo un hombre: la fiera
vieja del nacimiento, vencida por las moscas,
babeante y resoplante.
Pero vive y verás
el monstruo que eres con benevolencia
abrir un ojo y otro así de grandes,
encasquetarse el cielo,
mirarlo todo como por adentro,
preguntarle a las cosas por sus nombres
reír con lo que ríe, llorar con lo que llora,
tiranizar a gatos y conejos.
Nada se pierde con vivir, tenemos
todo el tiempo del tiempo por delante
para ser el vacío que somos en el fondo.
Y la niñez, escucha:
no hay loco más feliz que un niño cuerdo
ni acierta el sabio como un niño loco.
Todo lo que vivimos lo vivimos
ya a los diez años más intesamente;
los deseos entonces
se dormían los unos en los otros.
Venía el sueño a cada instante, el sueño
que restablece en todo el perfecto desorden
a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;
allí en ese castillo movedizo
eras el rey, la reina, tus secuaces,
el bufón que se ríe de sí mismo,
los pájaros, las fieras melodiosos.
Para hacer el amor allí estaba tu madre
y el amor era el beso de otro mundo en la frente,
con que se reanima a los enfermos,
una lectura a media voz, la nostalgia
de nadie y nada que nos da la música.
Pero pasan los años por los años
y he aquí que eres ya un adolescente.
Bajas del monte como Zaratustra
a luchar por el hombre contra el hombre:
grave misión que nadie te encomienda;
en tu familia inspiras desconfianza,
hablas de Dios en un tono sarcástico,
llegas a casa al otro día, muerto.
Se dice que enamoras a una vieja,
te han visto dando saltos en el aire,
prolongas tus estudios con estudios
de los que se resiente tu cabeza.
No hay alegría que te alegre tanto
como caer de golpe en la tristeza
ni dolor que te duela tan a fondo
como el placer de vivir sin objeto.
Grave edad, hay algunos que se matan
porque no pueden soportar la muerte,
quienes se entregan a una causa injusta
en su sed sanguinaria de justicia.
Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos:
el amor es el padre de sus vicios.
Si una mujer se enternece contigo
le exigirás te siga hasta la tumba,
que abandone en el acto a sus parientes,
que instale en otra parte su negocio.
Pero llega el momento fatalmente
en que tu juventud te da la espalda
y por primera vez su rostro inolvidable en tanto huye de ti
que la persigues
a salto de ojo, inmóvil, en una silla negra.
Ha llegado el momento de hacer algo
parece que te dice todo el mundo
y tu dices que sí, con la cabeza.
En plena decadencia metafísica
caminas ahora con una libretita de direcciones en la
mano,
impecablemente vestido, con la modestia de un hombre
joven que se abre paso en la vida,
dispuesto a todo.
El esquema que te hiciste de las cosas hace aire y se hunde
en el cielo dejándolas a todas en su sitio.
De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas como un
pez en el agua.
Vives de lo que ganas, ganas lo que mereces, mereces lo que vives;
has entrado en vereda con tu cruz a la espalda.
Hay que felicitarte:
eres, por fin, un hombre entre los hombres.
Y así llegas a viejo
como quien vuelve a su país de origen
después de un viaje interminable
corto de revivir, largo de relatar
te espera en tí la muerte, tu esqueleto
con los brazos abiertos, pero tú la rechazas
por un instante, quieres
mirarte larga y sucesivamente
en el espejo que se pone opaco.
Apoyado en lejanos transeúntes
vas y vienes de negro, al trote, conversando
contigo mismo a gritos, como un pájaro.
No hay tiempo que perder, eres el último
de tu generación en apagar el sol
y convertirte en polvo.
No hay tiempo que perder en este mundo
embellecido por su fin tan próximo.
Se te ve en todas parte dando vueltas
en torno a cualquier cosa como en éxtasis.
De tus salidas a la calle vuelves
con los bolsillos llenos de tesoros absurdos:
guijarros, florecillas.
Hasta que un día ya no puedes luchar
a muerte con la muerte y te entregas a ella
a un sueño sin salida, más blanco cada vez
sonriendo, sollozando como un niño de pecho.
Nada se pierde con vivir, ensaya:
aquí tienes un cuerpo a tu medida,
lo hemos hecho en la sombra
por amor a las artes de la carne
pero también en serio, pensando en tu visita
para ti o para nadie.
La primera pregunta evidentemente nace del gesto fundacional, del primer evento que marcó caminos: la palabra, nombrar lo que no se ve, lo que no se palpa, pero existe. Darle un nombre a este espacio... Y las imágenes se suceden vertiginosas, como intentando una a una asirse a mis ojos, evitar que este tráfago se las lleve por delante. Hasta que una de ellas se apodera de todo mi campo visual: En uno de los momentos más oscuros de la noche, cuando la orilla se veía lejana, hubo una voz que se hizo presente, una voz lejana pero que pareció desde siempre haber estado ahí. El poeta salió de las sombras para emular a la divinidad, y volver a dar nombres a las cosas. Y de su gesto me aprovecho, sí, como un vulgar ser humano, me aprovecho de esa imagen y a partir de ella abro esta ventana.
Todavía no tengo muy claro hacia donde van estos pasos, si es otro intento fútil, como el desparramo de la tinta verde en papeles que inevitablemente terminarán en el tacho de la basura. No sé si sea riesgoso esto de la sobre-exposición, dejar entrever las imágenes (ya sean oscuras o luminosas)... Pero parece que las cosas ya están dichas. O al menos la primera letra del nombre ha sido articulada.
Aquí, la carta fundacional:
"Monólogo del Padre con su hijo de meses"
-Enrique Lihn, poeta chileno (de "La pieza Oscura", 1963)
Nada se pierde con vivir, ensaya;
aquí tienes un cuerpo a tu medida.
Lo hemos hecho en sombra
por amor a las artes de la carne
pero también en serio, pensando en tu visita
como en un nuevo juego gozoso y doloroso;
por amor a la vida, por temor a la muerte
y a la vida, por amor a la muerte
para ti o para nadie.
Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta
como a nosotros este doble regalo
que te hemos hecho y que nos hemos hecho.
Cierto, tan sólo un poco
del vergonzante barro original, la angustia
y el placer en un grito de impotencia.
Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza
del huevo, a plena luz, ligero y jubiloso,
sólo un hombre: la fiera
vieja del nacimiento, vencida por las moscas,
babeante y resoplante.
Pero vive y verás
el monstruo que eres con benevolencia
abrir un ojo y otro así de grandes,
encasquetarse el cielo,
mirarlo todo como por adentro,
preguntarle a las cosas por sus nombres
reír con lo que ríe, llorar con lo que llora,
tiranizar a gatos y conejos.
Nada se pierde con vivir, tenemos
todo el tiempo del tiempo por delante
para ser el vacío que somos en el fondo.
Y la niñez, escucha:
no hay loco más feliz que un niño cuerdo
ni acierta el sabio como un niño loco.
Todo lo que vivimos lo vivimos
ya a los diez años más intesamente;
los deseos entonces
se dormían los unos en los otros.
Venía el sueño a cada instante, el sueño
que restablece en todo el perfecto desorden
a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;
allí en ese castillo movedizo
eras el rey, la reina, tus secuaces,
el bufón que se ríe de sí mismo,
los pájaros, las fieras melodiosos.
Para hacer el amor allí estaba tu madre
y el amor era el beso de otro mundo en la frente,
con que se reanima a los enfermos,
una lectura a media voz, la nostalgia
de nadie y nada que nos da la música.
Pero pasan los años por los años
y he aquí que eres ya un adolescente.
Bajas del monte como Zaratustra
a luchar por el hombre contra el hombre:
grave misión que nadie te encomienda;
en tu familia inspiras desconfianza,
hablas de Dios en un tono sarcástico,
llegas a casa al otro día, muerto.
Se dice que enamoras a una vieja,
te han visto dando saltos en el aire,
prolongas tus estudios con estudios
de los que se resiente tu cabeza.
No hay alegría que te alegre tanto
como caer de golpe en la tristeza
ni dolor que te duela tan a fondo
como el placer de vivir sin objeto.
Grave edad, hay algunos que se matan
porque no pueden soportar la muerte,
quienes se entregan a una causa injusta
en su sed sanguinaria de justicia.
Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos:
el amor es el padre de sus vicios.
Si una mujer se enternece contigo
le exigirás te siga hasta la tumba,
que abandone en el acto a sus parientes,
que instale en otra parte su negocio.
Pero llega el momento fatalmente
en que tu juventud te da la espalda
y por primera vez su rostro inolvidable en tanto huye de ti
que la persigues
a salto de ojo, inmóvil, en una silla negra.
Ha llegado el momento de hacer algo
parece que te dice todo el mundo
y tu dices que sí, con la cabeza.
En plena decadencia metafísica
caminas ahora con una libretita de direcciones en la
mano,
impecablemente vestido, con la modestia de un hombre
joven que se abre paso en la vida,
dispuesto a todo.
El esquema que te hiciste de las cosas hace aire y se hunde
en el cielo dejándolas a todas en su sitio.
De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas como un
pez en el agua.
Vives de lo que ganas, ganas lo que mereces, mereces lo que vives;
has entrado en vereda con tu cruz a la espalda.
Hay que felicitarte:
eres, por fin, un hombre entre los hombres.
Y así llegas a viejo
como quien vuelve a su país de origen
después de un viaje interminable
corto de revivir, largo de relatar
te espera en tí la muerte, tu esqueleto
con los brazos abiertos, pero tú la rechazas
por un instante, quieres
mirarte larga y sucesivamente
en el espejo que se pone opaco.
Apoyado en lejanos transeúntes
vas y vienes de negro, al trote, conversando
contigo mismo a gritos, como un pájaro.
No hay tiempo que perder, eres el último
de tu generación en apagar el sol
y convertirte en polvo.
No hay tiempo que perder en este mundo
embellecido por su fin tan próximo.
Se te ve en todas parte dando vueltas
en torno a cualquier cosa como en éxtasis.
De tus salidas a la calle vuelves
con los bolsillos llenos de tesoros absurdos:
guijarros, florecillas.
Hasta que un día ya no puedes luchar
a muerte con la muerte y te entregas a ella
a un sueño sin salida, más blanco cada vez
sonriendo, sollozando como un niño de pecho.
Nada se pierde con vivir, ensaya:
aquí tienes un cuerpo a tu medida,
lo hemos hecho en la sombra
por amor a las artes de la carne
pero también en serio, pensando en tu visita
para ti o para nadie.
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